IA en salud y cuidados: ¿Amenaza en el final de la vida?

Jaime del Barrio, médico internista y patrono de la Fundación Mémora, reflexiona sobre la Inteligencia Artificial y como está revolucionando la forma en que cuidamos la salud de las personas. 

Jaime del Barrio

Introducción
La Inteligencia Artificial (IA) está revolucionando la forma en que cuidamos la salud y acompañamos a las personas. Sus aplicaciones prometen prevención en la aparición de enfermedades y diagnósticos más precisos, tratamientos personalizados y una mejor gestión de recursos sociales y sanitarios. Pero cuando hablamos de algo tan sensible como es el final de la vida, surgen preguntas clave: ¿Hasta dónde debe llegar la tecnología? ¿Cómo mantener la humanidad en la atención?
 

La revolución digital en la atención sanitaria y social: ¿qué aporta la IA?
Hoy, los algoritmos analizan millones de datos clínicos y sociales en segundos, ayudando a los profesionales en la toma de decisiones de forma más rápida, segura y eficaz. En oncología, cardiología o cuidados paliativos, la IA anticipa complicaciones y ajusta tratamientos y cuidados para prolongar y mejorar la calidad de vida. 
Pero la tecnología no sustituye al cuidador ni al profesional: es un apoyo, un gran apoyo, eso sí. El reto está en tutelar al algoritmo, tanto al plantearle la pregunta como al validar la propuesta de solución antes de su aplicación y garantizar transparencia y asumir responsabilidades cuando el algoritmo se equivoca, porque la última decisión sigue siendo nuestra con todas las consecuencias.  De momento contamos con un “copiloto” que nos ayuda proponiendo presuntas soluciones, quedando aún lejos el “agéntico”. 
 

Más allá de la tecnología: el reto de mantener la humanidad
La IA también mejora la coordinación entre servicios sanitarios y sociales, detecta riesgos de aislamiento y optimiza recursos. Imagina, entre muchos casos de uso, un sistema que avisa con antelación de que una persona mayor se quede sola o sin cuidados.
Sin embargo, la atención al final de la vida no se trata solo de datos: se trata de empatía, escucha y acompañamiento. Ningún algoritmo puede dar un abrazo ni ofrecer consuelo. La tecnología debe ser un aliado, no un sustituto, nunca, y menos en el periodo que conocemos como final de la vida.
 

Decisiones críticas en cuidados paliativos: ¿hasta dónde llega la IA?
En concreto, en cuidados paliativos, la IA ayuda a planificar, controlar el dolor y otros síntomas y prever la evolución clínica. Pero aquí entramos en terreno sensible: ¿debe influir en decisiones sobre limitar tratamientos? ¿Cómo garantizar que se respete la voluntad del paciente?
La respuesta es clara: la tecnología debe estar al servicio de la dignidad, nunca por encima de ella. En este punto es conveniente recordar que deben plantearse como una mejora de la calidad de vida de los pacientes independientemente de su edad cuando se enfrentan a un diagnóstico de enfermedad incurable, previendo y aliviando el sufrimiento a través de la identificación temprana, evaluación continua y un abordaje terapéutico correcto del dolor y otros problemas que irán surgiendo, sean estos de orden físico, psicosocial o espiritual.
 

Proveedores y tecnológicas: innovación con responsabilidad
Los proveedores de servicios públicos y privados (aseguradoras) ven en la IA una oportunidad para diseñar productos personalizados y gestionar riesgos. Las empresas tecnológicas desarrollan soluciones cada vez más sofisticadas y adaptadas a las necesidades, de ahí la importancia de una relación profesional sanitario (médico, enfermera, auxiliar, ..) y paciente en la que prime la comunicación de calidad. Pero todo esto implica manejar datos muy sensibles. La privacidad y la seguridad son esenciales para generar confianza. Sin confianza, cualquier avance será percibido como una amenaza y como consecuencia difícilmente asumida.
 

Conclusión: equilibrio entre datos, ética y dignidad
La IA ya forma parte de nuestras vidas y en concreto en la atención sanitaria y social. Puede y debe mejorar la calidad de vida de las personas y ayudar a los profesionales en todo momento y específicamente en los más críticos. Pero no debemos olvidar lo más importante: la empatía y el respeto. Innovación y ética deben ir de la mano. Porque la tecnología puede hacer mucho, pero la humanidad sigue siendo insustituible.
 

Jaime del Barrio
Médico internista
Senior Advisor de Healthcare & Life Sciences en EY
Patrono de la Fundación Mémora